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Por Rolombian Travel - Abril 4 de 2015

Este se puede catalogar como el viaje más osado que hemos emprendido en lo que llevamos recorriendo Colombia. Ya había pasado un largo tiempo sin visitar el mar así que Santa Marta (Magdalena) fue el destino escogido al que iríamos en la Semana Mayor del año pasado, ya que por cuestiones de trabajo y compromisos no disponíamos de otra temporada para cumplir nuestro anhelo.

 

En ocasiones anteriores contamos con la gran oportunidad de conocer el mar al lado de nuestros familiares, pero esta vez la idea del recorrido era uno detrás del otro subidos en “la negra” Pulsar 180 C.C., con el equipaje más ligero posible y con tan solo con 5 días disponibles para realizar esta odisea (ida y vuelta).

 

Una vez que esta idea loca se encontraba rondando por nuestras cabezas y la fecha elegida aproximándose, procedimos a buscar relatos de viajeros que se animaron a vivir esta aventura sin importar el medio de transporte utilizado: en avión, bus, carro, moto y hasta en bicicleta; quedamos sorprendidos y aún más animados por la gran cantidad de personas que rompieron con los paradigmas rutinarios y que decidieron lanzarse a una odisea, que por más descabellada que parezca es un aliciente para el alma. Después de una incesante búsqueda de información y de un continuo convencimiento por llevar a cabo este proyecto, nos decidimos por ser unos de los tantos que tuvieron las agallas y la fuerza de voluntad para hacer un viaje de estas dimensiones en moto.

Luego de dejar a un lado críticas de familiares y conocidos sobre el peligro que significaba realizar este viaje en moto, por la infinidad de peros, venciendo nuestros propios miedos, y tras una noche sin dormir a causa de los nervios, llegó la hora cero: arrancamos a las 4:00 AM del miércoles santo, sin ningún repuesto para la moto, sólo nos acompañaba la herramienta con la que viene, 1/4 de aceite Motul, y una guaya; de equipaje lo necesario para 5 días (2 días en Santa Marta y 3 viajando ida y vuelta) en una maleta y una tula para evitar tanto peso; contábamos con un presupuesto de $700.000 COP, rogando para que no tuviéramos que gastar más; y lo más importante, la bendición de Dios para que nos acompañara en cada kilómetro recorrido.

 

Al salir de Bogotá hacia Villeta (Cundinamarca) nos fue bien gracias a las excelentes condiciones de la vía, sin ningún contratiempo, hasta que iniciamos el trayecto entre Villeta y Guaduas, por la imprudencia de los muleros al conducir en un tramo que se reduce a un solo carril, esto sumado a las lluvias que hacían lisa la carretera, la poca visibilidad de la madrugada y una curva pronunciada en la que una mula se encontraba sobrepasando otra, al verla prácticamente de frente, las luces nos cegaron por un momento, pero como empujados por nuestro ángel de la guarda la moto se desvió un poco y por milímetros no te contamos esta historia. Por suerte logramos salir de tan complicada situación, aunque la idea de claudicar se apoderó de nosotros.

 

Pese a esta desagradable experiencia continuamos y llegamos a Guaduas (Cundinamarca) a las 5:30 AM e iniciamos el recorrido por la Ruta del Sol, una vía imponente que se disfruta al recorrerla y que busca acortar la distancia entre el centro y la costa norte del país, recomendamos tanquear en Guaduas y aprovisionarse de agua y alimentos porque como es una vía nueva hay pocas bombas de gasolina y mucho menos tiendas. También hacemos un llamado a los conductores para que por favor tomen conciencia, a razón de que el camino parecía una tumba de fauna, porque es muy triste ver como animales indefensos yacían por culpa del exceso de velocidad y la falta de humanidad.

 

Durante el trayecto la moto funcionó a la perfección, nos acompañaba un hermoso día y el cansancio no se hizo esperar, paramos más de una vez a hidratarnos y dejar descansar la moto, la idea era llegar el mismo día a Santa Marta, pero fue una fatal decisión: a las 6:00 PM estábamos pasando por el sector donde los pinpineros rebuscan su diario (que triste imagen), la temperatura era alta y los momentos de descanso eran muy cortos por lo que la moto no aguantó más, el motor o los cilindros producían un golpeteo que presagiaba lo peor. Con preocupación tuvimos que detenernos en una bomba de gasolina a 10 minutos de Bosconia (Cesar), desde este punto nos faltaba más de 2 horas de camino, y el sonido que provenía de la “negra” no cesaba. Con el cuerpo agotado, sin saber a quién acudir, sin seguro, y tan lejos de nuestro destino y de casa, nos vimos obligados a pasar la noche en la bomba de gasolina en la que nos encontrábamos y que casualmente tenía habitaciones para hospedaje.

Siendo las 8:00 AM del siguiente día, aún con el cuerpo adolorido y con la preocupación al saber que la moto no podía continuar, decidimos llegar como fuera a Santa Marta así que en Bosconia tomamos el primer bus que salía con rumbo a nuestro destino y de esta manera pudimos lograr el objetivo del viaje. La brisa y la inmensidad del océano, nos llenaron de nostalgia y felicidad absoluta, y solo podíamos decir ¡GRACIAS DIOS! Fueron el jueves y viernes santo en que playa, brisa y mar nos compensaban el gran esfuerzo por llegar a esa bahía tan hermosa de Colombia.

 

El sábado santo emprendimos en bus el camino de regreso a la realidad a las 4:00 AM, lamentando tener que despedirnos de tan grandiosa ciudad, la calidez de su gente y su clima tan agradable. Llegamos a la bomba de gasolina en donde habíamos dejado a “la negra” con la esperanza de que funcionara sin problemas, pero seguía con el mismo sonido, no hubo modo alguno de transportarla en una grúa o camión y tuvimos que ir en ella así hasta Pailitas (Cesar) a buscar a un mecánico, quien nos dijo que por el calor del ambiente, el aceite se volvió agua y no estaba lubricando, lo que provocó que todas las piezas se estuvieran golpeando entre sí. Te recomendamos que si vas a realizar este viaje en alguna moto pequeña como “la negra” tengas mucho cuidado con el nivel del aceite y trates de no forzar la moto en cuanto a velocidad por un tiempo prolongado.

 

El viaje de regreso fue menos exigente porque las distancias parecían más cortas y ya sabíamos el camino. Decidimos parar en Guaduas a eso de las 9:00 PM para descansar, y el domingo volvimos a Bogotá sanos y salvos, sin ninguna caída y con la moto enterita; y a pesar de la dificultad presentada en esta odisea nos dimos cuenta que nacimos para viajar y que este mundo es tan grande como para seguir viéndolo desde nuestros computadores. Te invitamos a viajar.  

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